Sigue el Viento

Relatos, historias y roles de los personajes.
Starkfire
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Sigue el Viento

Mensajepor Starkfire » 15/Oct/2020, 16:46

- ¡BRIALLA VUELVE AQUÍ AHORA!- aquel grito retumbo por todo el asentamiento. Era la voz de un hombre bastante cabreado, que hasta se le podían escuchar el rechinar de sus dientes.
- ¡ÑIAÑIA NO TE ESCUCHO HOMBRE OSO! ¡VUELVE A TU CUEVA!- una chiquilla de cabellos colorados cobrizos salió corriendo de la gran tienda a toda prisa. Llevaba un arco corto con plumas en las puntas, sus ropas más bien parecían de verano, eran pieles suaves de ciervo, al igual que sus botas, todo en un brillante color pardo y caqui decorado con algunos dibujos tribales en celeste, rojo y naranja.

La niña no parecía tener más de diez veranos, sus mejillas sonrojadas y sus pecas de color cobre no hacían más que alimentar aquella visión de lo que parecía ser un pequeño arlequín con gran rapidez en sus piernas. Corrió atravesando el campamento como alma que lleva el diablo, esquivando caballos, personas atareadas por el barullo y algunos sabuesos que parecían entretenidos en seguirla unos metros por diversión.

En cuanto se alejó lo suficiente del asentamiento, se dirigió rápidamente a la colina más alta cerca del lugar. Cuando por fin sintió la brisa y el sol completamente en su rostro se dignó a detenerse unos momentos. Respiro hondo y cerró los ojos. Dejo que el viento le susurrase a los oídos. Soltó una pequeña risilla al escuchar el sonido que la brisa hacia entre los largos pastizales, pasando por los valles, los árboles y el cantar de los pájaro.
- ¿Otra vez lo mismo?- dijo una voz a su espalda. La pequeña se volteó risueña, pues reconocía esa voz. Su hermano mayor permanecía detrás de ella junto a Bôrj, uno de sus sabuesos de caza.
- Es que hoy me tocaba día de adivinanzas con Jacoh – le respondió la niña aun sonriendo mientras le prestaba mimos y atenciones al sabueso.

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Su hermano suspiro y la miro con cierta preocupación. Otra vez lo mismo. Brialla tenía la mala costumbre de desaparecer tardes completas y volver cuando estaba anocheciendo. Cuando se le preguntaba que había estado haciendo, siempre contestaba la misma sandez “jugando a las adivinanzas y acertijos con Jacoh” o “Jacoh me mostro un lugar”, “Me puse a seguir el viento”. Su padre comenzó a creer que la niña estaba loca. Sin embargo su madre siempre se mostró sonriente ante esas contestaciones.

- Calmaos todos – dijo con voz suave una mujer de cabellos oscuros mientras acomodaba su largo vestido pardo. Esta era una de las tantas tardes en donde su esposo perdía la paciencia y contagiaba su molestia a sus otros hijos mayores – Bri sabe leer las señales de Jacoh, estará bien- respondió mientras miraba de a uno a los presentes.

Su esposo, Warren de Asthoria, líder de una de las grandes tribus que permanecían en las Grandes Llanuras Veolianas era conocido por ser un hombre corpulento y de mal carácter, poco paciente y con una extraña obsesión por los trofeos de caza. Su hijo mayor, Rohan no compartía mucho de aquel carácter, era un hombre más afable y conciliador; no así como el segundo de los hermanos, Sefir, conocido por ser un excelente jinete y el más conflictivo de los cuatro hermanos, seguido muy de cerca por Brakon, el más habilidoso con el arco y el más mujeriego también. Y por fin, a lo último de aquella larga cadena de hombres, la pequeña Brialla de Asthoria, las más irreverente y traviesa de los hermanos.

- ¡Y ni una mierda!- pronuncio con voz estridente el líder de la tribu, golpeando la mesa con el puño. Miro a sus hijos con su ceño poblado fruncido – ¡Ustedes le han dejado hacer a sus anchas! –señalándolos con el dedo, ellos sin embargo lo miraron sin mucho interés, pues estas explosiones eran normales en su adulto padre.

- Baja el tono- espeto la bella mujer a su lado, en un tono calmado, a lo que su esposo quedo callado con molestia. Sigrid de Asthoria, Caminasueños de Vryllia, siempre tenía la última palabra en las discusiones. Jamás nadie le contradecía, sus palabras siempre iban cargadas de calma y entendimiento. Sus hijos se mostraron agradecidos con ella, pues el solo hecho de tener que escuchar los gritos de su padre les ponían de mal humor.

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Tal vez era solo Sigrid quien comprendía aquella extraña conexión que se podían tener con un dios. Sin embargo Brialla no era ni una Sacerdotisa ni tampoco una Caminsueños, pero estaba segura de que nadie disfrutaba tanto de ir a caballo como su pequeña Brialla, solo por el hecho de que la brisa pasase por sus cabellos. Era un ser libre, amable y bondadoso como pocos, así como determinada y desafiante. Desde pequeña siempre había ansiado recorrer todos los rincones de Veolia, le gustaba hacer expediciones con sus hermanos y explorar, sin embargo… siempre sintió que su hogar era demasiado pequeño. Que debía de haber más allá de las hermosas Llanuras que eran su hogar. Su corazón ardía por saber que habría más allá… ¿Hasta a donde llegarían las ventiscas de su señora?

El día que Sefir murió en las fronteras, fue Brialla quien con solo catorce años, les llevo aquella noticia…

- ¿De qué hablas Bri?- le pregunto Sigrid mientras volvía a analizar sus palabras.
- ¿Mama, no lo sientes? – dijo la muchacha aun con lágrimas en los ojos mientras se tomaba el pecho apretujando sus ropas. – Aquí duele. Los vientos corren rápido, arrastrando hojas, pequeñas plumas, florecillas… y también traen noticias…- Brialla parecía convencida de lo que decía, pero su madre no podía creerle, simplemente no podía.

Fue hasta unos días después que un jinete llego con la terrible noticia. Sigrid lloro por tres días y tres noches sin parar.
Luego de eso, las cosas se pusieron aún peores. El asesinato de Sefir no fue casualidad. Una guerrilla interna entre tribus había comenzado. ¿Motivos? Brialla no los comprendía… ¿Consecuencias? Las peores.

Aun recordaba aquel día. En sus peores pesadillas. Una tormenta azotaba la región, los vientos estaban embravecidos, recordaba las gotas de lluvia fría golpearle dolorosamente el rostro ahora embarrado y ensombrecido. La lluvia se mezclaba con sus lágrimas. Los gritos se mezclaban con el ruido del viento golpeando en los árboles. Sentía que el aire no entraba a sus pulmones y las imágenes de sus padre y su hermano mayor siendo decapitados frente a ella no dejaba de aparecérsele enfrente.
Su madre la tomo del rostro en cuanto bajo del caballo.

- Bri, escúchame, y escúchame bien- su madre parecía estar en el mismo estado que ella, sin embargo el agarre que le proporcionaba era tan doloroso que la devolvía a la realidad. Habían corrido junto a Brakon, pero él había decidido quedarse a distraer a los enemigos que les habían perseguido por varios kilómetros. Sin embargo aún había jinetes tras ellas, de hecho, podía sentirlos aproximarse. – Radka, Radka te llamaras de hoy en adelante, nadie debe saber quién eres. Sigue el viento, síguelo y no mires atrás. Jacoh te guiara hacia donde te necesiten- eso fue lo último que escucho de su madre mientras le temblaba la voz. El corcel se echó a correr a toda prisa, y aun entre el viento y la lluvia pudo distinguir el gruñido de un gran oso, y luego, ya no pudo oir mas nada.

Cabalgo por días atravesando el Gran Sendero de Caper hasta llegar a las Pequeñas Llanuras de Veolia. En el trayecto, su mente ocupo el tiempo en procesar lo que había sucedido. Había perdido su hogar y su familia en un abrir y cerrar de ojos. Solo tenía lo puesto y a Sephir, el corcel de Brankon. Tendría que sobreponerse a la situación o no sobreviviría, menos aun siendo una pequeña de quince años, completamente sola.
Sephir la acompaño a través de las Pequeñas Llanuras atravesando tormentas, bandidos y rebuscándoselas para conseguir alimento. Ya le era imposible poder mantener a su corcel, pues aun el miedo a ser descubierta, o que la encuentren le daba insomnio.
El viento era su único consuelo. Siempre era el empujón que necesitaba para seguir adelante. Algunas veces hasta le llegaban preciosas plumas en las brisas. Brialla sonreía y luego lloraba con desconsuelo.

“Sigue el viento y no mires atrás”


Pues eso haría. Cada pluma que le regalaba su señora iba atándoselas a su corcel entre sus crines. Cuando por fin llegaron hasta Indra, Sephir cayó enfermo, sin dinero para mantenerlo, decidió intercambiarlo con un maese de establos a cambio de que lo ayudarse a recomponerse. Su corazón se rompió el pedazos al dejar el último vestigio de su familia en manos de otro, pero no había de otra opción, era eso, o que el joven corcel muriera al cabo de un tiempo…
El viento no tardo en volver a empujarla hacia otra dirección. Más al norte, siguiendo el cauce del rio. Viajo a pie por meses, cazando su comida y usando todo lo que había aprendido en su hogar. Hasta que por fin llego. Lo supo de inmediato en cuanto oyó los arboles silbar. Había por fin llegado a Valmagre.

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A pesar de todas sus des venturanzas y tragedias, Radka comprendió que además de poder traer justicia para su familia en Veolia, también deseaba recorrer los rincones del continente llevando la palabra de Jacoh. Decidió que dejaría que Jacoh la guiase por los caminos a donde la necesitasen. Ahora con su pequeño halcón mensajero en entrenamiento, y siendo parte de la Coalición, Radka comprende la importancia de las palabras y de cuanto puede influir un simple mensaje en el futuro de quien lo envía y recibe.

Intrigada por los rincones que podrá recorrer, está dispuesta a cambiar el rumbo del destino.

“Solo sigue el viento, Jacoh te guiara a donde te necesiten”

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